domingo, 9 de diciembre de 2012

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)


El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es un síndrome conductual.2 Es un trastorno muy prevalente que, según estimaciones, afecta a entre un 10 % y un 20 % de la población infanto-juvenil,3 4 siendo unas 3 veces más frecuente en varones.2 Se han demostrado diferencias entre diversas áreas geográficas, grupos culturales o niveles socioeconómicos, cosa que no ocurriría si realmente fuese una enfermedad somática. Representa entre el 20 % y el 40 % de las consultas en los servicios de psiquiatría infanto-juvenil.2
Se trata de un trastorno del comportamiento5 caracterizado por distracción moderada a grave, períodos de atención breve, inquietud motora, inestabilidad emocional y conductas impulsivas. Tiene una respuesta muy alta al tratamiento, aunque se acompaña de altas tasas de comorbilidad psiquiátrica. Según elManual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV): «Habitualmente, los síntomas empeoran en las situaciones que exigen una atención o un esfuerzo mental sostenidos o que carecen de atractivo o novedad intrínsecos (p. ej., escuchar al maestro en clase, hacer los deberes, escuchar o leer textos largos, o trabajar en tareas monótonas o repetitivas)». Este «trastorno» se identificó primeramente en la edad infantil. Sin embargo, a medida que mejor se comprendía, se fue reconociendo su carácter crónico, ya que persiste y se manifiesta hasta después de la adolescencia (es difícil modificar comportamientos que ya están tan arraigados si antes no ha habido pautas correctoras de crianza). Los estudios de seguimiento a largo plazo han demostrado que entre el 60 % y el 75 % de los niños con TDAH continúa presentando los síntomas hasta su adultez.6
Históricamente, este trastorno ha recibido distintas caracterizaciones e innumerables denominaciones, lo que dificulta las consultas de la literatura especializada (ver cuadro). Cabe agregar que la sigla inglesa ADHD (Attention-Deficit Hyperactivity Disorder) se usa ampliamente para referirse a este síndrome.

«el maltrato a la infancia existe, y en mayor medida de lo que parece».

Javier Urra, psicólogo de la Fiscalía del menor, da fe de que «el maltrato a la infancia existe, y en mayor medida de lo que parece».

-Cuesta creer que haya padres que lleguen a maltratar a sus hijos hasta matarles.

-Muchos casos son consecuencia de la droga o el alcoholismo. Otras veces no hay maltrato consciente pero sí una grave dejación: los padres van al bingo y el niño, que está solo, prende fuego a la casa. Y otros casos obedecen al puro nerviosismo, al estrés. Padres o madres sin apoyo, con muchos problemas, que en un momento de desesperación cogen al niño lo estampan contra la pared. 

-¿No hay mecanismos para detectar a tiempo estas situaciones?

-Tenemos la idea de que ser padre da muchos derechos sobre los hijos, que la patria potestad es un seguro. Y yo creo que no. Un padre debe ser padre hasta que demuestre que no lo es. Se tarda mucho en retirar la tutela a un hijo cuando ya ha maltratado a su hermano mayor.

-¿Qué falla?

-Si un hombre maltrata a una mujer, se le imponen medidas de alejamiento. Yo creo que cuando a un niño se le rompe una clavícula y el médico nota que ha sido por la fuerza y al poco tiempo tiene otra lesión... hay que sacar a ese niño de la familia. Lo que no puede ser es que haya padres que maltraten a un hijo, a los dos años a su hermano y todavía dudemos de si les retiramos la custodia del tercero. Ahí somos muy lentos y dejamos que haya muertes o lesiones irreversibles en los pequeños que no aparecen en la estadística. 

-Se habla mucho del maltrato a las mujeres pero el que sufren los niños queda en segundo plano.

-Y en realidad hay más maltrato a los niños que a las mujeres. Una mujer puede denunciar pero un crío no sabe cómo hacerlo o no puede. Se habla mucho de adolescentes que maltratan a sus padres pero no confundamos: hay más padres que maltratan a hijos que hijos que pegan a sus padres. Estos casos, aunque son más espectaculares, son minoritarios. 

-¿Hay lagunas en el aspecto legal?

-No, no, el problema está en la toma de decisiones. Las comunidades autónomas tienen la capacidad de retirar la tutela de forma automática, no hace falta que un juez vea el caso. La ley es clara: si hay indicios de malos tratos, hay que retirar la tutela inmediatamente. Después ya habrá tiempo de comprobar los hechos. La segunda parte es: ¿Hay que devolver el niño a los padres, hay que dejarlo con otros familiares, darle en acogimiento? Ahí es donde la Administración duda, en el convencimiento de que donde mejor puede estar un hijo es con sus padres. Y no siempre es así. Unos porque están perturbados y otros porque, sencillamente, no les quieren. 

-Suena terrible.

-Pero es verdad. En esos casos hay que retirar inmediatamente al niño de este hogar para salvarle la vida. 

-¿Hay padres perversos?

-Sí, hay casos increíbles. Padres que dan pastillas a sus hijos, les meten la mano en el microondas, les inyectan heces, les queman con cigarrillos, les clavan alfileres... Cualquier médico de urgencias conoce algún caso.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Qué hacer ante el acoso escolar


Qué hacer ante el acoso escolar

Campaña contra el acoso 'Ten Narices'. (Noalacoso.org)
El suicidio de Mónica hace menos de un mes volvió a poner de actualidad el acoso escolar. Enseguida se sucedieron las condenas, los debates y las peticiones de tipificación de la figura como delito. Porque, pese a que el problema no es nuevo, sí es cada vez más notorio.
El caso de Amanda Todd, la joven canadiense que anunció su suicidio en un vídeo de Youtube, en el que explicaba, a través de cartulinas, el acoso al que fue sometida, causó enorme conmoción en todo el mundo. La menor se inspiró en la grabación que, unos meses antes, colgaba en la red el holandés Tim Ribberink.
A pesar de la alarma social que generan casos como éste, lasautoridades no han adoptado medidas para atajar el acoso escolar. Las propuestas parten de movimientos asociativos, psicólogos y educadores. Es el caso de 'Ten Narices', campaña que pone en marcha este lunes la asociación No al acoso. "Creemos que en este momento es más necesaria que nunca", explica Javier Pérez Aznar, su presidente y psicólogo. Es una campaña de sensibilización centrada "en la solucióndel acoso, haciendo hincapié en que todos podemos hacer algo".
La mayoría de las veces, la víctima no sabe qué hacer. O ni sabe que está sufriendo acoso. Éstas son algunas claves para detectarlo.

QUÉ ES EL ACOSO ESCOLAR

Es cualquier tipo de agresión psicológica o física mantenida en el tiempo y con intención de hacer daño. Se caracteriza por el desequilibrio de poder (la víctima, sola, frente a agresores y observadores).

TIPOS

Verbal. El más habitual. Insultos, motes, humillaciones, propagación de rumores, mensajes teléfonicos o llamadas...
Social. Exclusión y aislamiento de la víctima, por ejemplo, se la deja fuera de las actividades, como un partido de fútbol en el recreo.
Psicológico: basado en amenazas para provocar miedo, lograr algún objeto o dinero, o para obligar a la víctima a hacer cosas que no quiere.
Físico. Agresiones directas e indirectas; por ejemplo, producir daño en objetos personales de la víctima.
Ciberbullying. El acoso escolar a través de Internet ha aumentado enormemente en los últimos años. En este caso, la víctima no tiene tregua, pues el acoso no termina cuando llega a su casa. Además, laparticipación de terceros hace que se multiplique el número de acosadores, y puede suceder que, incluso cuando ha terminado el problema en el centro escolar, el acoso continúe en Internet.
Pero la Red también aporta 'ventajas' a las víctimas. Por una parte, aumenta el número de espectadores que la apoyan. También le proporciona herramientas para solicitar ayuda. Además, aporta una ventaja desde el punto de vista jurídico: queda constancia del acoso, que en muchos casos puede denunciarse por constituir un delito tipificado (amenazas, injurias, suplantación de identidad...).

QUÉ HACER

Ponerlo en conocimiento de los padres. El apoyo de la familia es fundamental. Muchas víctimas sienten vergüenza o creen que han hecho algo que les hace merecedores del hostigamiento. De ahí la importancia de que los padres se pongan del lado de su hijo y le apoyen, y no subestimen sus miedos.
Hablar con el tutor y la dirección del centro. De entrada, la mayor parte de los centros niegan el acoso o dicen no tener constancia.
Presentar escritos, e incluso grabaciones, para que haya pruebas.
- Si no es suficiente, acudir a la inspección educativa.
- Agotadas las anteriores opciones, presentar una denuncia penal.

PROFESORADO

- Los docentes siempre debe prestar atención a lo que dice el alumno/a, no 'quitarle hierro' y garantizar la confidencialidad. Comunicar a la dirección del centro. Observar e intervenir, adoptando, si fuera necesario,medidas disciplinarias contra los acosadores.

CÓMO DETECTARLO

Cambios de comportamiento notables: el menor deja de salir, se muestra nervioso cuando tiene que ir al colegio, regresa rápidamente tras las clases, no va con sus amigos de siempre, deja de hablar en casa y tiende a aislarse, baja el rendimiento escolar, muestra ansiedad, tristeza...
Se le rompe o "pierde" habitualmente el material escolar o la ropa.
MÁS INFORMACIÓN
Protégeles | Tfno:             91 740 00 19       | contacto[@]protegeles.com

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Detectar casos de Matonismo


Primero fue el suicidio de la adolescente canadiense Amanda Todd, de 15 años, después el de Gauthier, un joven francés de 18, le siguió el de la joven neoyorkina Felicia García, de 15, a esta le sucedió el del holandés Tim Ribberink, de 2o años, y ahora le ha ocurrido a una menor de 16 años en España. La ola de suicidios por casos de acoso escolar ha convertido este otoño en el más negro que se recuerda. Pero, ¿es posible detectarlo a tiempo en casa? El profesor de psicología de la Universidad Abad Oliba CEU (Barcelona), Paulino Castells, autor del libro «Víctimas y matones», nos ayuda a descubrir determinados cambios en el adolescente que pueden llevar a los padres a ofrecer ayuda a sus hijos.
1. Observar si hay un cambio de carácter repentino en el niño o adolescente. «Esto siempre es una llamada de atención a los padres de que algo le está pasando al chico», indica este experto. «Si el niño antes era abierto, dicharachero, expresivo... y de pronto se vuelve huraño, introvertido, reservado... es que algo ocurre». Castells advierte de que detectar esto también dependerá mucho de «la fluidez de comunicación que haya en esta familia, y de la capacidad receptiva de los padres ante cualquier información que aporten los hijos. Si es alta y hay confianza, habrá mayor precocidad a la hora de detectar el acoso, que si es un chaval reservado».
2. Si el chico nunca invita amigos a casa. «Si no trae nunca a compañeros de clase a casa, si no le convidan a ninguna fiesta... En ese caso, hay que indagar qué pasa», advierte Castells. A su juicio, el niño solitario sin amigos «es como una luz roja que dice: "venid, venid y atacarme, estoy solo e indefenso"». La soledad, prosigue, «es un motivo de atracción para cualquier "matón" o "verdugo" escolar. Y es un factor que implica de forma automática la inhibición de los compañeros».
Este especialista en adolescentes señala que otro detonante del inicio de acoso puede ser que la víctima sea «algo diferente de los demás. Cualquier defecto físico, como que lleve gafas, que tenga orejas de soplillo, que presente un poco de sobrepeso...».
3. Ropa o material escolar roto. Si el niño vuelve a casa siempre con la ropa o el material excesivamente deteriorados y no sabe dar explicaciones claras al respecto.
4. Presenta heridas frecuentes en lugares raros. Este psicólogo aclara que normalmente, si un chico se hace una herida él solo, se la hace en la parte frontal del cuerpo. Sin embargo, si se la provoca un tercero, suele ser en la parte trasera, en las espaldas, las nalgas.
5. Manifiesta temor a la escuela o presenta síntomas psicosomáticos como dolor de cabeza, barriga, hasta fiebre... Especialmente la mañana del lunes o después de un festivo. «Cuando existe un salto en el nivel de ansiedad la noche antes, o se produce una vigila ante el próximo día escolar. Yo lo llamo el "síndrome del domingo noche".».
6. Cuando el joven escoge itinerarios extraños para acudir al colegio. «Porque el acoso no solo sucede en el patio, también a las puertas de los centros, cuando no en casa por internet», recuerda Castells.
7. Cambio en el carácter . El chico está triste, pensativo e, incluso, gime y llora cuando está dormido.
8. Pide con frecuencia dinero extra para «comprar» amistades o dárselo a los matones que le extorsionan.

martes, 13 de noviembre de 2012

Los Lideres Inadecuados


1.-El Ausente
2.-El Desinteresado
3.-El Déspota
4.-El que no da espacio


Se habla de los líderes tóxicos como una de las grandes plagas que azota a algunas organizaciones. Pero conviene no perder de vista a los venenosos, aquellos capaces de acabar con un equipo de trabajo y pervertir el funcionamiento de una organización sin previo aviso. Identificarles a tiempo es la mejor vacuna para salvar a las empresas.
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La seguridad, la confianza y la autoestima son algunos de los ingredientes que convierten a los jefes en inmunes ante cualquier tipo de problema. Esta coraza es la mejor para los auténticos líderes, aquellos capaces de llevar a los profesionales por el camino más adecuado y cumplir los objetivos de negocio. Pero ¡cuidado! Porque este escudo puede ser una máscara a medida para los directivos más venenosos, los que pueden ser perjudiciales de una manera tan sibilina que asusta.
1.El ausente. Aparece por la oficina en contadas ocasiones y siempre en los momentos más inoportunos. Pobre de aquel empleado que se confíe. Estos tipos pueden ser buenos o malos. Los primeros son los que, a pesar de ser invisibles, están trabajando y exigen a sus profesionales que hagan lo mismo; son responsables y exigen lo mismo a sus empleados, a los que dotan de autonomía. Sin embargo, los nocivos no sólo no aparecen, sino que además son especialmente hábiles para echar la culpa a los demás de los errores empresariales que provoca su ausencia.
2.El paternalista. Aunque al principio su presencia puede resultar una bendición para los trabajadores, a la larga su instinto de protección es contraproducente porque impide que sus empleados sean autónomos. Esa amabilidad, cariño y preocupación por hacer agradable la vida de sus empleados, le impide ser objetivo: los buenos jefes deben tratar a sus empleados como personas, no como hijos.
La actitud de un jefe relajado puede llegar a contagiar a su equipo, una contaminación que da lugar a equipos de trabajo muy poco ágiles
3.El marca. Si el protagonismo del directivo supera a la relevancia de la marca puede beneficiar a la empresa sobremanera. Sin embargo, estos jefes pueden ser el veneno más fuerte para cualquier organización si cometen algún error en su labor, ya sea de carácter personal o profesional.
4.El relaciones públicas. Excelente conversador, amable, extrovertido… el colega que todo empleado desearía. Conviene no olvidar que, aunque esta actitud es una de las mejores para generar un buen entorno laboral, un jefe es un jefe y, cuando menos se lo espera, puede ejercer sus funciones más agrias: despedir, bajar el sueldo o cambiar a un profesional de puesto. No lo olvide, si este tipo no puede dejar claro su rol, puede ser el veneno más dulce.
5.El tolerante. Si un jefe tolera cualquier tipo de actitud, es decir, no premia las buenas acciones de sus empleados, pero tampoco penaliza las malas, esto puede llevar la empresa a la ruina. No baje la guardia si ante cualquier fallo su jefe le dice que no se preocupe… probablemente lo tendrá en cuenta. En su mano está solucionar el entuerto de la mejor manera para no ocupar un lugar en su particular lista negra.
6.El sobreocupado. Está en mil sitios pero en ninguno. Con esa sobreactividad cava su propia tumba, porque suele desaparecer cuando más falta hace. Este profesional suele impregnar de confianza a todos lo que le rodean, ya que aparentemente todo está controlado. Nada más lejos de la verdad. Si no hace un buen ejercicio de delegación acabará atrapado en su propia trampa. Lo más recomendable es estar alerta: los mandos tienen que conocer a fondo el carácter de estos líderes, si no les arrastrarán de manera inevitable a su terreno convirtiéndose en otros atacados.
Un directivo que sea un excelente relaciones públicas con sus empleados, sin dejar claro su rol como jefe, puede ser el veneno más dulce
7.El relajado. Nunca tiene prisa. Parece ajeno al estrés. Pasa buena parte de su jornada laboral pegado al teléfono, navegando por Internet y sin acelerarse por nada. Su actitud puede llegar a contagiar a su equipo, una contaminación que da lugar a equipos de trabajo muy poco ágiles. Si surge algún problema inesperado o hay que tomar una decisión, el relajado no tiene más remedio que ponerse manos a la obra... sin perder los nervios. En ese momento, como si le fuera la vida en ello, parece tocado por el don de la resolución: delegará en su equipo, al que exigirá el nervio y la resolución que él no tiene. Quema a sus colaboradores sin necesidad… a menudo un poco de estrés es la mejor medicina para la productividad.
8.El sumiso. Dispuesto a cumplir órdenes cree que es la mejor manera de tener contento a sus superiores y de que su equipo funcione. Conformista por naturaleza nunca se le oye una voz más alta que otra… hasta que explota. ¡Cuidado! Se puede convertir en un déspota y hacer del ordeno y mando su política de gestión de personas. Nunca confíe en aquellos que no hacen ruido… porque cuando lo hacen pueden ser letales.
9.El cotilla. Logra la afiliación de sus empleados porque les hace partícipes de todo lo que sucede en la empresa, pero no de lo realmente importante. Cotillas por naturaleza hacen de los rumores en los pasillos y en las máquinas de café su mejor herramienta para el convencimiento. Son especialmente hábiles para utilizar este veneno en su propio beneficio.
10.El omnipresente. La empresa es su vida. Llega el primero a la oficina y se va el último. Lo quiere controlar absolutamente todo y no delega. Estos líderes pocas veces confían en sus colaboradores, porque les considera sus rivales. Suelen ser muy inseguros, por eso quieren tener todo bajo control. Siempre solicitan opinión, pero al final se impone su criterio.